¿CÓMO LOGRAR QUE NUESTRA GENTE SEA MAS PRODUCTIVA?

3 acciones básicas para cortar con la negatividad y continuar un buen ritmo de producción

por Julian Aponte 

Esta es tal vez una de las preguntas que más ronda la cabeza de quienes lideran equipos en las empresas, y esto debido a factores como los avances tecnológicos, las dinámicas comerciales actuales, las grandes potencias económicas e incluso las nuevas formas en que la gente se conecta y se relaciona, resulta ser un panorama que exige cambio y adaptación constante.

La suma de todo lo anterior lleva, sin duda alguna, a generarse ese tipo de cuestionamientos, entendiendo que si no se mejora el desempeño  logrando cada vez mejores resultados, tal vez la empresa u organización tienda a desaparecer, en resumen “innovar o morir”, esa es la cuestión.

Ahora bien, la gente no cambia por que el jefe le diga que tiene que cambiar, nadie cambia por eso; posiblemente reacciona unos momentos, pero después sigue siendo la misma; bien lo dice  Estanislao Bachrach, “nadie cambia por la fuerza, el miedo o los hechos”.

Así las cosas, la siguientes preguntas serían: ¿cómo se logra esto?, ¿Qué tenemos que hacer?; Pues bien, la respuesta es sencilla, la gente tiene que cambiar, pero acá viene lo complicado y es que cambiar es lo que no es fácil, es un proceso que toma tiempo y más cuando hablamos de personas.

Se han hecho estudios, experimentos y diversos ejercicios que ayuden a encontrar una solución. Algunas propuestas son válidas, otras no tanto, no obstante personalmente me gusta la apuesta que nos hace la neurociencia, que aunque no nos da soluciones definitivas, por lo menos permite aproximarse a una comprensión de cómo funciona el cerebro en el entorno laboral y sobre todo cómo las personas entienden y configuran los cambios, para abrazarlos o no, para adaptarse o no y finalmente hacer que las cosas pasen o no.

Empezaré por decir que si echamos un vistazo a los siglos pasados, pensar en el trabajo no era tan importante, en ese entonces lo relevante era la producción, los resultados a como dé lugar, incluso por mucho tiempo se escuchaba la frase: “no le pago para que piense, sino para que haga”.

Estos paradigmas cambian hoy en día, y los expertos afirman que nos encontramos en lo que se conoce como la era conceptual de los negocios, en donde si es muy importante que la gente piense en el trabajo; en la actualidad las empresas necesitan personas capaces de entender y leer los contextos, las situaciones, los resultados e incluso las relaciones humanas; todo lo anterior con el fin de tener una mirada interpretativa de lo que sucede en el sistema humano de la organización, para tomar acciones, cambiar de rumbo, desarrollar soluciones innovadoras, creativas, crear alianzas, nuevas estrategias, formas de trabajo, etc.

Por esto me gustaría mencionar un par de  ideas que ayudan a gestionar los procesos de cambio en los equipos empresariales y sobre todo que permiten “encontrar las llaves” en cuanto a cómo lograrlo un poco más fácil.

Reconfigurar la productividad

Lo primero es empezar a entender o mejor re-configurar el concepto “urgente” o la afirmación “esto es de ya para ya”, lo cual hace que se tomen decisiones apresuradas, poco asertivas, tendiendo más a la reacción que a una respuesta proactiva, lo cual está ligado a un concepto clave y es la capacidad que el cerebro tiene de hacer pausa.

Esta es una de las cosas interesantes que nos revela la ciencia, lo que permite romper el paradigma del “afán”, del “ya”, de “no hay tiempo para pensar”, etc. Esta capacidad del cerebro ayuda a entender que entre el estímulo y la respuesta hay un espacio, así sea corto, que se debe usar para entender lo que está sucediendo y tomar una decisión diferente a la de siempre.

Ahora bien; los estímulos que en ocasiones hacen que se tomen malas decisiones, casi siempre son estímulos negativos y por lo tanto lo que sucede es que la persona reacciona y no responde asertivamente. Pero entonces, ¿cómo hace pausa un cerebro?, ¿cómo se logra?; pues bien, hay tres elementos claves para que esto sea posible:

  1. Cortar con el estímulo negativo

  2. Respirar profundo

  3. Poner la espalda derecha

Parecen cosas muy básicas y sencillas, tanto así que normalmente se consideran de poco valor o utilidad, no obstante puedo decirles que aunque aparentemente obvio, son cosas que de verdad funcionan.

Cuando se corta con el estímulo negativo, lo que logra el cerebro es evitar los espirales que hacen que la emoción negativa aumente, es como si apagáramos el televisor para hacer otra tarea; el cerebro centra su atención en otra cosa y por lo tanto deja de liberar hormonas que incrementan su estrés, y de esa manera se reducen las posibilidades de insultar al otro, golpear, gritar o hacer algo de lo cual se puede arrepentir. Una vez que se corta con el estímulo, es importante respirar profundo, ya que eso hace que llegue oxígeno al cerebro, principalmente al lóbulo pre-frontal y por lo tanto existen más posibilidades de tomar una decisión asertiva, porque se tiene mayor capacidad de raciocinio gracias al oxigeno que llegó a la cabeza. Finalmente la espalda derecha es “como una autopista” con carriles libres por donde pueden circular todos los neuro-transmisores con mayor eficacia y por lo tanto la optimización de ese oxigeno será mucho mayor, así hace pausa un cerebro.

La segunda idea que me gustaría compartir tiene que ver con la imperiosa necesidad de descubrir cómo configura el trabajo nuestra gente; y más allá de que el líder tenga que evidenciar eso, es el hecho de que cada uno debería “evaluar-se” en relación con su sentir y pensar frente al trabajo.

Estanislao Bachrach encuentra algo que para mí resulta de gran valor, ya que su estudio muestra los diferentes estadios de la gente en su trabajo; y justamente centraré en su descubrimiento mi segunda idea, sobre todo a manera de invitación a hacernos una auto-evaluación que nos permita saber cómo estamos configurando nuestra dinámica laboral del día a día, esperando que de alguna manera podamos replantear nuestras acciones y tomar decisiones que permitan hacer las cosas de manera diferente y mejorar significativamente la productividad.

 

6 Formas en que la gente configura su realidad laboral

Se dice que la ciencia encontró que hay personas que dicen: “no sé, o no me importa trabajar”, es decir son sujetos a los que les da igual trabajar o no, y por lo tanto son personas Resistentes al trabajo”, lo cual dificulta sobre manera encontrar un sentido de vida en el mismo y por lo tanto los índices de rendimiento serán siempre mínimos.

Hay otros que dicen: “tengo que trabajar”, lo cual genera “Apatía al trabajo”, haciendo que éste se asuma como una carga, una obligación y de esa manera son personas que tienen grandes dificultades en sus relaciones humanas, en su capacidad productiva y que incluso pueden llegar a tener serios problemas de depresión, ansiedad o estrés.

Por otra parte existen los que dicen: “Si no hago bien mi trabajo me siento mal”, y para éstos la ciencia dice que son personas que están “Conformes con su trabajo”, lo cual es una sensación que tiende a hacer que la gente entre fácilmente en una zona de confort, que se estanquen, que no produzcan nuevas ideas, conocimientos o soluciones; por lo general son personas que no hacen más de aquello para lo que fueron contratados, son esos que cumplen estrictamente con su trabajo y su horario.

En este escenario hay unas personas que dicen: “trabajar es importante”, y de alguna manera se aproximan a lo que se esperaría en términos de productividad y sentido en su labor, ya que son individuos que con mayor facilidad asumen responsabilidades y tienden a relacionar su trabajo con algunos logros personales lo que les ayuda a aproximarse al trabajo con un valor agregado desde la motivación intrínseca; de éstos últimos se dice que están “De acuerdo con su trabajo”.

Ahora bien, hay un nivel de cierta manera superior a los anteriores, según la neurociencia, y se refiere a aquellos que dicen: “trabajar me sirve a mí, está bien para mí”, y estos son los que tienden a adaptarse con mayor facilidad a los cambios, que logran cosas significativas, que proponen y ven siempre oportunidades de mejora. Lo interesante de este grupo es que todo lo que hacen lo hacen por ellos mismos, por el logro personal, porque su labor tiene un sentido trascendente para su vida, permitiéndoles lograr cosas, crecer, desarrollarse como seres humanos y alcanzar sus objetivos apalancándose en todo sentido gracias a su trabajo, se dice que estas personas están “Comprometidas con su trabajo”; y esto no es otra cosa que estar comprometidas con sí mismas, lo que les permite hacer la diferencia, agregar valor a la organización y generalmente son aquellos que están siempre en los mejores indicadores de productividad.

Finalmente están los que dicen: “me encanta trabajar”, y éstos  son aquellos que además de saber que el trabajo les sirve, están “Apasionados con su trabajo”. Dice la ciencia que son personas que aman lo que hacen, que tienen un motor emocional lo suficientemente fuerte como para rendir más allá de lo meramente necesario, generalmente son personas que buscan lograr objetivos comunes, avanzar, trascender, dejar huella, y no por recibir adulaciones o reconocimientos, sino porque su quehacer diario cobra valor y se convierte en un motivador poderoso que hace que las cosas pasen; obviamente estas son personas que tienden a mantener muy altos niveles de productividad y que incluso pueden llegar a ser líderes y motivadores en los equipos de trabajo.

Así pues, la invitación final después de esto es a que podamos hacer un ejercicio introspectivo que nos permita identificar en qué nivel o estado nos encontramos en el  trabajo, para encontrar ese lugar de fuerza en el sistema humano del cual hacemos parte, incluso encontrar, en algunos casos, el lugar de fuerza en la vida misma, ya que si no estamos o comprometidos o apasionados, va a ser muy difícil llegar al alto rendimiento y productividad pero sobre todo tal vez ese trabajo no sea el que nos mueve, el que soñamos y por lo tanto sea necesario buscar lo que de verdad amamos hacer.

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