La Importancia de la Educación Experiencial en el Ámbito Escolar

Se preguntó a algunos jóvenes en edad escolar si había algo que les disgustara de las clases en el colegio. La mayoría afirma que muchos docentes presentan los temas de manera aburrida, con falta de actitud y crean fatiga al imponer inmovilidad del puesto; por el contrario, manifestaron que las clases tienen un mayor atractivo y resultan más motivantes cuando hay espacios agradables e innovadores.
Ahora bien, se podría pensar que la educación de dicho estilo pasivo es producto del narcisismo de muchos educadores, en donde el conocimiento de la disciplina de dominio crea zona de confort y se piensa, equivocadamente, que la metodología no necesita un cambio. Esto resulta nocivo dadas las facultades e intereses de los estudiantes o lo que Howard Gardner catalogó como inteligencias múltiples. La pregunta es ¿cómo despertar el interés de los jóvenes por el estudio sin caer en el activismo o en el instrumentalismo?
Tal vez existen diversas respuestas a ese cuestionamiento y se encuentran en el sistema educativo docentes con habilidades y metodologías que generan gran impacto en los modelos educativos contemporáneos; Ahora bien, en esas apuestas metodológicas aparece la educación experiencial, entendida como el proceso mediante el cual se busca el desarrollo del individuo con ejercicios transformacionales donde se involucra, reflexiona, extrae y comprenden las dinámicas de vida, a partir de una experiencia que le permite al estudiante construir conocimiento siendo el docente un facilitador y articulador del mismo y no “el protagonista que imparte sabiduría” porque es “el que sabe”. Así pues, esta metodología de aprendizaje experiencial cobra gran valor en el ámbito académico y, dado su amplio campo de acción, no se liga únicamente al escenario de la escuela puesto que el individuo está en constante aprendizaje, el cual, a través de esta metodología genera el desarrollo de habilidades sociales relacionadas con la persona humana preparándolo como efectivo aportante en una sociedad cambiante, permitiéndole transferir conceptualmente los aprendizajes a la vida real encontrando por tanto, una relación directa entre lo que se aprende en la escuela y el contexto que los rodea en su vida diaria.

En cuanto a lo anterior es necesario recordar que son muchos los espacios, sistemas, comunidades y culturas que han cambiado, que han tenido una evolución, sin embargo, la escuela moderna desde su creación hace más de ciento cincuenta años parece haber caído en un letargo producido por el casamiento de los docentes con metodologías de antaño en donde la planimetría, por ejemplo (todos mirando hacia el tablero), resulta ser inquebrantable.

Esto genera dos problemáticas: la primera, no hay métodos que capturen el interés de los estudiantes, simplemente momentos de atención efímera mediados por focos atencionales muy cortos y, segunda, las temáticas están desligadas de la cotidianidad de los educandos, es decir no se educa en contexto. Entonces, si existe una predisposición diaria, producto de la repetición, un accionar predecible y lo que se “aprende” no se aprovecha en mayor grado, sí tendremos jóvenes atraídos por la tecnología de manera errada, deserción escolar y pésima preparación para la educación superior y la vida misma.
De ahí la importancia de la educación experiencial, puesto que uno de los primeros pasos para su abordaje es romper con el paradigma que tienen muchos educadores y profesionales al confundir la enseñanza con el traspaso de información o, en otras palabras, enseñar como se les enseñó, olvidando que para una educación eficaz debe existir una preparación en donde es ineludible conocer la población con la que se comparte para así, crear atmósferas de aprendizaje que proporcionen verdaderos espacios de captura y construcción de conocimiento.
Para mayor claridad en dicho aspecto es necesario entender el término separando sus componentes: según el diccionario de la RAE se entiende por educación la instrucción y enseñanza por medio de la acción docente y, en cuanto a lo experiencial, relativo a la experiencia en varias definiciones, habla sobre conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones de la misma, lo que quiere decir entonces que la educación experiencial es un proceso de construcción del individuo por medio de experiencias que buscan, además, el desarrollo humano trascendental.
En ese orden de ideas la educación experiencial potencia los procesos académicos ya que, con el paso del tiempo, muchos conceptos de diferentes asignaturas tienden a ser olvidados porque no serán material de profundización o por simple desinterés, empero, los ejercicios proxémicos, los momentos de kinésica y lo que se vive junto al otro, todos estos componentes de la educación experiencial, difícilmente serán relegados debido al alcance que se puede lograr y al impacto que tiene en la memoria a largo plazo.
Se puede añadir también que la reforma educativa del país no está en los curules de los entes gubernamentales sino en las aulas, con docentes que se atreven a pensar diferente, dispuestos a salir de su zona de confort, liberándose del ego del conocimiento que “se posee” y permitiéndose ser facilitadores de experiencias de aprendizaje que como diría Antonio Damassio, dejen huellas de conocimiento imborrables, gracias al impacto de la emoción de la vivencia que produce aprendizajes, a partir de dinámicas y ejercicios asertivas que ayuden al individuo a pensar, a realizar un ejercicio retrospectivo e introspectivo en contraposición a la “pereza mental” que puede generar la avasalladora era tecnológica, permitiéndose más bien hacer lecturas comprensivas de la realidad y entonces descubrir y construir en conjunto conocimientos de alto impacto.

 

Ted Talk de Antonio Damassio
La herramienta se encuentra a disposición, los beneficios son plausibles y la repercusión que como docentes facilitadores pueden tener es incalculable por su propiedad perenne. Basta con saber que se trabaja con participantes, no con espectadores; se establecen objetivos, no productos; se da valor al proceso, se disfruta el descubrimiento, se enseña para el crecimiento humano y para la vida, no para el ego de quien modera en delirio de grandeza y, como lo dijo Kurt Hahn: “todos somos más de lo que creemos ser. Si nos diéramos cuenta de esta realidad, no nos conformaríamos con menos”.
Jonh Carlos Leudo
Docente Facilitador
ASER BIENESTAR EMPRESARIAL


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